El Corredor: La historia mínima de Erwin ValdebenitoRun Erwin run
Lídice Varas
La Nación
La aparición de nuevas tecnologías, e incluso la mediática figura de Michael Moore, le ha dado al documental un espacio en círculos antes impensados para un género aparentemente huérfano de códigos como entretenimiento o masividad.
Pero no sólo se trata de espacios nuevos, de ojos que dignifiquen la bullada realidad, o de poner en debate las reglas de la mirada. Al contrario, instalar al documental en circuitos masivos significa poner de manifiesto que es un género necesario, porque representa un lugar que devela espacios ocultos, que obliga a agudizar el ojo y a tomar una postura.
Chile es un país de documentales más que de ficciones, precisamente por la necesidad de que exista un género que sirva para el exorcismo. Puede que la ficción siga reglas diversas que se comprendan a partir de sus características propias. Sin embargo, el documental -que también puede seguir infinitas normas-, siempre será juzgado a partir de lo que creemos que muestra: la realidad.
No se trata de discutir aquí la falta de objetividad con la que el documentalista observa. Esa es una discusión zanjada con años de ver documentales tan diversos como “Estadio Nacional” de Carmen Luz Parot, o “Un hombre aparte” de Bettina Perut e Iván Osnovikoff.
“El Corredor” de Cristian Leighton, es de esos documentales que sobresalen no tanto por sus destellos técnicos, sino por el arrojo con el que se toma una historia mínima que se engrandece en la proyección. La historia de Erwin Valdebenito simplemente emociona, y no por apelar a facilismos dramáticos, sino por el estoicismo con el que su director se hace parte de la historia y es capaz de proyectar con sensibilidad la vida mínima.
El protagonista, un empleado público de cuarenta años, corre todos los días los 23 kilómetros que separan su casa en San Bernardo de su oficina en el centro de Santiago. Así de sencillo: un hombre que corre solo, porque pese a haber ganado muchos maratones no cuenta con auspicios, pero sí con carreteras peligrosas repletas de micros. Todos los días Erwin se levanta a las cinco de la mañana, se viste con ropas deportivas y sale a correr. Su hijo toma una micro para llevarle ropa de oficina, y su madre le plancha las camisas. En la oficina, el corredor cuelga sus medallas. La premisa es la de un hombre común que realiza una hazaña desconocida.
Hay dos escenas claves en el documental que dan cuenta del tono que rige el film: una de Erwin perseguido por un par de perros que se cansan de seguirle el ritmo; y la otra en plena Panamericana, en la cual se ve al maratonista corriendo frente a un cartel que dice ”No corra”.
Porque “El corredor” no sólo es la historia de un hombre al borde de “la vida peligrosa”, sino también la de un equipo técnico que se apropia de esa sensibilidad para crear un documental que revela lo pequeño. Quizá esta sea la mayor virtud de “El corredor”: desaparecer los egos y hacer partícipe al espectador de una proeza ajena, la de un hombre escondido en Santiago, perdido entre en las carreteras y amenazado por automóviles.
Puede que “El corredor” cometa pecados imperdonables como la saturación del sonido o secuencias que descuidan la luz. Aspectos que llegan a incomodar, sobre todo porque estamos asistiendo a un documental que ha optado por seguirle los pasos a un hombre que corre tan rápido como quiere. Sin embargo, queda la sensación de que hay una postura formal, que a ratos se deja llevar por su premisa, pero que finalmente logra conmover.
“El corredor” no pretende nada más que mostrar con nitidez la “historia mínima” -como reza el subtítulo-, de un hombre del que desconocemos sus motivaciones o su futuro. Acá no existen discursos grandilocuentes ni avasalladoras posturas, pero sí hay una mirada tan sencilla y fantástica, que es como rescatar piedras de un río: sólo se eligen las que nos parecen bellas, pero siguen siendo piedras. Al fin y al cabo, uno es donde escoge poner el ojo.
SINOPSIS
El corredor (La historia mínima de Erwin Valdebenito)
Chile: 2004
Género. Documental
Dirección: Cristián Leighton.
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